Construyamos la cohesión social

Uno de los temas vigentes en la agenda pública salvadoreña es la transparencia fiscal, ya que sin ésta, en El Salvador no existirá una cohesión social; pero que entenderemos como cohesión social:


“La cohesión social es un estado en el que existe una visión compartida entre los ciudadanos y el Gobierno acerca de un modelo de sociedad basado en la justicia social, la primacía del Estado de derecho y la solidaridad”.



La cohesión social, permite el establecimiento de consensos, sobre la canalización del gasto público entre distintos sectores, generaciones y territorios; la recaudación impositiva, la financiación de los servicios sociales, la seguridad, las políticas de inclusión y protección social; y la generación de empleo.

La cohesión social es un estado en el que existe una visión compartida entre los ciudadanos y el Gobierno acerca de un modelo de sociedad basado en la justicia social



Aclaramos y reiteramos, que si los sistemas de protección e inclusión, son asistencialistas con el objetivo de capitalizar clientela política, no se atacará frontalmente la pobreza y la desigualdad en la distribución de los ingresos; porque la Cohesión Social, no se circunscribe solamente a los sectores desfavorecidos, sino que debe abarcar a todos los miembros de la sociedad para reconstruir el equilibrio dinámico favorecedor a todos los distintos componentes de la sociedad salvadoreña.

En nuestro país, se han debilitado los vínculos materiales y espirituales que afirman el sentimiento de pertenencia y solidaridad nacional; consecuencia del alejamiento de la auto denominada “clase Política” y de sus gobernantes, respecto a los gobernados, debido a la tolerancia de condiciones que favorecen una pobreza obscena ante una creciente y nueva opulencia obscena; condiciones que favorecen la corrupción, la discriminación, la violencia y la discrecionalidad, elementos que atentan contra el Estado de Derecho y erosionan aún más la cohesión social.

Este déficit de cohesión social, tiene consecuencias entre las relaciones de los ciudadanos entre sí y en especial entre la relación de éstos y el Estado, en áreas como tributación, inversión de capital humano, el establecimiento de sistemas responsables viables y factibles de protección social, etc. donde la desigualdad y la exclusión social, política y económica, son dos grandes problemas que enfrenta la nación salvadoreña y obstaculiza enormemente la reducción de la pobreza y el desarrollo holístico político y social.

Los conflictos distributivos que actualmente nos caracterizan, tienen altos niveles de desigualdad que al combinarse con este sistema político y su testarudez partidaria y aplicación de políticas neoliberales, han debilitados los Órganos del Estado y las instituciones públicas, al convenirlas en cotos de caza…en cuotas partidarias dentro de esta “partidocracia” y “democratura” que vivimos, contribuyendo a implementar políticas ineficientes y bajos niveles de productividad, condicionada a subsidios lo cual incide a los bajos niveles de inversión social y de capital.

Esta situación afecta la identidad nacional y repercute negativamente en el fortalecimiento de la solidaridad. Sin embargo, este estado de cosas podría cambiar, si ejerciéramos una ciudadanía responsable, consciente y participativa en el fortalecimiento de vínculos comunes con el objetivo de transformar nuestra situación nacional, promoviendo y haciendo de la responsabilidad ciudadana un instrumento efectivo para contribuir al desarrollo humano integral, en libertad, en paz y en condiciones de seguridad ciudadana, elementos que al ser implementados nos conducirían hacia una gobernabilidad efectiva.

Dado que la falta de equidad es uno de los puntos centrales de la cohesión social; construir la misma implica generar un conjunto de factores que contribuyan a establecer los equilibrios básicos entre los individuos de la sociedad salvadoreña manifestándose a través de la igualdad de oportunidades y la creación de una ciudadanía responsable, conocedora de sus deberes, obligaciones y derechos.

En ese sentido, hay que entender que la calidad democrática depende de las maneras en que los salvadoreños disfruten de sus derechos civiles, políticos, sociales y económicos, media vez los conozcan y estén empoderados de ellos.

Los esfuerzos hasta ahora realizados para desarrollar programas que coadyuven a la promoción de los derechos democráticos, a reformar la economía y a lograr el buen desempeño de las instituciones de gobierno HAN DEJADO INSATISFACCIONES EN LA SOCIEDAD CIVIL SALVADOREÑA.

Los gobernantes y los partidos políticos, se han separado de la sociedad civil, creando lo que ellos han llegado a llamar “la clase política”, profundizando así los factores generadores de la exclusión social y las desigualdades.

Se impone, entonces, la necesidad de suscribir una especie de “contrato social” entre los gobernantes, partidos políticos y la sociedad civil, y que éste se refleje en el presupuesto nacional y en verdaderos programas de desarrollo contra la pobreza y permee todas las políticas sociales, si bien en forma gradual y progresiva pero irreversibles, alejado del populismo que caracterizan a los partidos políticos salvadoreños y sus campañas electoreras.

Reiteramos, la construcción de una sociedad cohesionada es un proyecto político, que requiere una fuerte voluntad del gobierno para enfatizar la lucha contra los procesos de exclusión social, así como para buscar la igualdad en todas las dimensiones de la vida social, la reducción de las desigualdades en término de acceso a los bienes universales y la satisfacción de las necesidades básicas de la población.

También requiere, formas de gobernar que orienten la acción pública más a la generación de complicidades sociales voluntarias y no compulsivas, en pos de la definición y consecución de objetivos comunes de nuestra nación.

Comentarios (0)

Danos tu opinión