La política del miedo

Fotografia principal:Carlos Rivera

Fotografia principal:Carlos Rivera

Por Elmer Villalobos

El miedo es la angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario. Este paraliza el pensamiento y deja a la racionalidad debajo de la mesa, permitiendo excesos que termina viéndose como normales en un mundo que exige respuestas drásticas y rápidas.

Existe el miedo individual, pero el que más hace daño es el colectivo, el que se forma primero por la desinformación y luego se propaga por la palabra de alguien a quien le interesa que las masas teman. “¿Qué no se dan cuenta que ya inició la tercera guerra mundial?”.

El COVID-19 nos ha sacado los miedos más resguardados de nuestra sociedad. No hace falta pensar qué pasa por la mente de una familia que sabe no tendrá comida y trabajo para los próximos dos meses, el miedo pasa a pánico y este no obedece reglas, solo se deja llevar por lo que el instinto de supervivencia le manda.

El miedo se constituye en un operador de los territorios del poder para el control y la contención del deseo de los ciudadanos y, las políticas que lo promueven, se transforman y articulan a las nuevas modalidades del control de masas.

Cuando el miedo se ejerce desde las esferas de poder, estas tienen la capacidad de difundirlas con mayor rapidez, y hace a las masas dependientes de sus órdenes, así  es como las ovejas son llevadas al matadero sin objeción alguna. El miedo produce autómatas, gente sin pensamiento propio, solo guiados por la voz de su “pastor”.

El miedo también busca la homogenización del pensamiento, llevando al rechazo a las diferencias. La incapacidad para aceptar al otro, al diferente, que se expresa a cada rato en actitudes de violencia, produce espacios en donde la afectación de los cuerpos transita por emociones como el odio, la envidia y la venganza.

Es así que la polarización cobra fuerza, expresada hoy en día en las redes sociales. Solo basta crear una estrategia de miedo aunado de falsa información para que las masas se acoracen a un solo pensamiento homogenizado. No es extraño, lo que buscan en seguridad, que en la mayoría de los casos se expresa en un individuo o colectivo.

Uno de los síntomas del miedo es la afectación de los cuerpos, traduciendo el estrés en un signo de los tiempos que se somatiza, llevando a muchos a enfermedades, insomnios o hasta el punto de sufrir patologías mentales.

Es así que el poder ejercido desde la política del miedo cobra fuerza en nuestros días, creando olas de autoritarismos por los países que buscan soluciones a problemas que pueden ser reales, pero llevados a lo más alto de la sobredimensión.

El miedo puede durar más que la pandemia y crear dictadores.

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