Un día como hoy

Hace 146 años un gran terremoto sacudió San Salvador

En nuestro país está ubicado en un área donde ocurren muchos temblores y hasta el momento  se han registrado más de 50 terremotos a lo largo de su historia, por esa razón se le conoce como “el valle de las hamacas”.

Por estar en una región con alto índice de actividad sísmica, El Salvador ha experimentado más de cincuenta movimientos telúricos hasta la fecha. Uno de los que causó una fuerte destrucción en San Salvador y que fue sentido en Guatemala y Honduras, ocurrió el 19 de marzo de 1873.

El movimiento telúrico denominado como “Gran Terremoto San José”, fue generado por un proceso de subducción, que según el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Marn) es un movimiento relativo que origina sismos cercanos a las costas salvadoreñas.

El historiador salvadoreño, Carlos Cañas Dinarte compartió en su cuenta de Twitter algunos datos importantes sobre el impacto destructivo provocado por el terremoto en San Salvador y otros municipios.

El fenómeno no causó muchas muertes porque de acuerdo con el historiador, minutos antes fueron sentidos otros sismos que hizo salir a las personas de sus casas. No así, muchas edificaciones privadas y públicas sufrieron daños y destrucción.

Algunos de los lugares afectados por dicho terremoto fueron la plaza Central, actualmente conocida como plaza Barrios, el convento de Santo Domingo, ahora la Catedral Metropolitana, el Colegio Militar, el hotel de Europa, el templo La Merced, etc.

Interesante

Algunos datos interesantes que el historiador salvadoreño, Carlos Cañas Dinarte destaca es que en esos tiempos ya se producían noticias falsas, ya que un grabado metálico inglés del terremoto mostraba al volcán de San Salvador en erupción y que el Palacio Nacional sufrió fuerte destrucción, lo cual no era cierto.

El estudioso de la historia salvadoreña compartió que “desde los tiempos de la colonia española, una costumbre popular durante los terremotos era salir a las calles a gritar sus pecados cometidos, para así no morir sin confesión en aquellos momentos de angustia”.

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