Sin Categoría

Promesas rotas. El FMLN solo podrá sobrevivir si quienes asumen las riendas abren puertas y ventanas

Por Sergio Ramírez

Tras la debacle sufrida por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en las elecciones presidenciales, los 14 comandantes históricos que forman la cúpula suprema anunciaron su jubilación a través de Medardo González, secretario general, asumiendo “la responsabilidad de los resultados electorales”.

Toda una novedad en un partido que por su autoproclamada naturaleza revolucionaria está en la lista de aquellos que conceden a sus dirigentes históricos el privilegio de la inamovilidad. Sorprendente, porque es lo que ocurre en las formaciones políticas modernas, donde los derrotados renuncian por regla y se van para sus casas.

Tras el triunfo de 1979, el sandinismo se lo jugó todo para apoyar la organización salvadoreña en armas. La razón que Reagan alegó para financiar a los contras, que trataban de derrocar el gobierno sandinista, fue que buscaba interrumpir el apoyo logístico que iba desde Nicaragua hacia el FMLN; si ese apoyo cesaba, la revolución nicaragüense sería dejada en paz.

El respaldo continuó por una década, a un costo desmesurado, pues la guerra de los contras devastó a Nicaragua; por fin, el FMLN consiguió en 1992 un acuerdo de paz con el gobierno del presidente Alfredo Cristiani, del partido Arena, lo que le permitió convertirse en una fuerza política a cambio del abandono de las armas.

Desde entonces se creó un tenso equilibrio político entre dos partidos, Arena a la derecha y el FMLN a la izquierda, el cual duró cerca de treinta años, al viejo estilo tradicional latinoamericano. Hasta que, igual que en otros países, llegó la hora de las terceras fuerzas, con el triunfo aplastante de Nayib Bukele. El FMLN llegó a emparejar a Arena como fuerza parlamentaria, y después pudo conquistar la presidencia en 2009 con Mauricio Funes, ajeno a las lides guerrilleras, y luego en 2014 con uno de sus fundadores, el comandante Salvador Sánchez Cerén.

Una guerrilla que llevó adelante una lucha sacrificada de años y vivió los riesgos del combate en el que tantos cayeron, al convertirse en partido político y alcanzar el poder, despierta inmensas esperanzas, sobre todo entre los más humildes. Confían en que se cumplan las promesas heroicas que marcaron los años de combate. Esperan una forma de hacer política alejada de la demagogia, esperan la restauración de la ética.

Si advierten que quienes se han comprometido a cerrar los abismos de pobreza y acabar con la corrupción olvidan lo que ofrecieron, y todo sigue siendo lo mismo, harán lo que ha sucedido, castigar el partido de las promesas rotas.

¿Cómo es posible que un partido que se presenta como encarnación de la causa de los pobres ampare a alguien acusado de corrupción? es una de tantas preguntas dolidas de quienes han dejado de votar al FMLN. Funes, reclamado por la justicia salvadoreña, se encuentra prófugo en Nicaragua, donde ha recibido asilo político de parte del gobierno de Daniel Ortega, sin que el gobierno de Sánchez Cerén haya reclamado su extradición. No es de extrañarse entonces que tantos centenares de miles desertaran para ir a votar por Bukele, expulsado antes de las filas del partido por contradecir la línea ortodoxa.

La renuncia de la cúpula histórica abre esperanzas, pero también interrogantes. ¿Habrá de verdad una nueva dirigencia del FMLN renovada, abierta al libre debate de las ideas y a la pluralidad interna de opiniones? ¿O se trata solo de instalar otras caras viejas fieles al pensamiento vertical y único?

Apenas en 2015, el FMLN estableció oficialmente que “un elemento esencial del fortalecimiento ideológico y político es erradicar de sus filas cualquier vestigio de la ideas reformistas, derrotistas y claudicantes…”. Entre quienes ahora hacen mutis, una de las altas dirigentes dijo tras conocerse los resultados electorales: “Nosotros somos más que votos”.

Esa no es sino la vieja idea de la vanguardia, que se sitúa por encima de la voluntad popular, aunque pierda. Así no hay renovación posible. Por eso, el FMLN solo podrá sobrevivir si quienes asumen las riendas abren puertas y ventanas y dejan entrar la luz y el aire.

www.sergioramirez.com

Publicidad

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba