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Coronel Ernesto Claramount Rozeville: Una vida de honor y compromiso

Este 7 de agosto de 2019 se cumple un año más del natalicio del Coronel Ernesto Antonio Claramount Roseville, un hombre cuyo legado es respetado hasta el día de hoy, ya que estuvo junto al pueblo y luchó a la par de los salvadoreños que en 1977 ofrendaron su vida exigiendo que se respetara la voluntad popular que había elegido como su próximo presidente al Coronel Claramount, pero que la oligarquía de esa época se robó el gane y masacró al pueblo en la plaza Libertad y sus alrededores.

Sello postal en honor al coronel Ernesto Claramount Rozeville.

El coronel Ernesto Claramount Rozeville, fue uno de los protagonistas claves en el desarrollo de los trágicos sucesos del 28 de febrero de 1977 en nuestro país, cuando las fuerzas oficialistas del Partido de Conciliación Nacional (PCN), encabezadas por el expresidente coronel Arturo  Armando Molina y su entonces exministro de Defensa y candidato presidencial por el PCN, general Carlos Humberto Romero, realizaron un escandaloso fraude que le arrebató al coronel Claramount el triunfo legítimamente obtenido en la votación.

El coronel Ernesto Claramount Rozeville fue propuesto como candidato presidencial por la coalición opositora, constituida por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) y la Unión Democrática Nacionalista (UDN), en alianza con el Movimiento por la Unidad Nacional (MUN), integrado por militares patriotas.

General Antonio Claramount Lucero, padre del Coronel Ernesto Claramount.

El coronel Claramount Rozeville, fue hijo del legendario general Antonio Claramount Lucero, quien en la década de los años veinte, del siglo pasado, se negó a masacrar a una manifestación de mujeres en Santa Tecla y quien también había sido amigo de Agustín Farabundo Martí y Augusto César Sandino, era un militar demócrata, institucionalista y progresista de gran popularidad entre el pueblo salvadoreño, cuya candidatura era desde el principio una apuesta segura por un cambio social en El Salvador.

La oligarquía salvadoreña y su gobierno militar vieron en el coronel Claramount Rozeville un peligro para el injusto statu quo que desde hacía medio siglo reinaba en el país, luego de la masacre de campesinos indígenas en la región de los Izalcos en 1932, que dejó como resultado decenas de miles de muertos e instauró una serie de dictaduras militares.

Coronel Ernesto Claramount.

Pasaron los años y en febrero de 1977, la respuesta del pueblo encabezada por el coronel Claramonunt Rozeville, hijo de aquel ilustre general,   no se hizo esperar. El coronel Claramount, con cientos de miles de seguidores se tomó la plaza Libertad y las manzanas aledañas a la misma, para protestar por el escandaloso fraude y hacer valer la voluntad popular que había dado la victoria a la coalición opositora.

El lunes 28 de febrero de 1977, la Fuerza Armada, los cuerpos de seguridad y bandas paramilitares de la Organización Democrática Nacionalista (ORDEN) callaron a sangre y fuego la protesta, con el resultado de centenares de muertos y heridos.

Claramount celebrando el gane presidencial que le fue arrebatado.

El coronel Claramount y otros líderes patriotas de la oposición fueron obligados a un exilio  lejos de las fronteras patrias. Otro hubiera sido el desenlace de la historia de El Salvador si se hubiese respetado la voluntad popular y si el coronel Ernesto Claramount Rozeville hubiese asumido como legítimo presidente de la República. Pero desgraciadamente la historia no fue así y después del Golpe de Estado la presidencia quedó en manos de los grandes terratenientes cafetaleros. La élite económica gobernó el país pasándose la presidencia en forma directa, en el periodo histórico que se conoce como la “República cafetalera”.

28 de febrero para nunca olvidar

La Unidad Nacional Opositora (UNO)  no era partido político, pero querían el cambio, acompañaron toda la campaña y de ese modo aquella batalla entusiasmó y politizó a la gente. En aquella época si bien existían medios masivos de comunicación, la mayoría era de pensamiento de derecha y además carecían de la masividad e impacto actual, el contacto y la comunicación preferente era directa y el pueblo se volcó.

Pero llegado el día 16 de febrero las fuerzas del orden al servicio de la oligarquía capturaban a los representantes de la UNO en los organismos electorales, se robaban los paquetes electorales, los llevaban a los cuarteles, se les descubrió mensajes que probaban el fraude en grabaciones por teléfono utilizando ANTEL, empresa estatal de telefonía.

La gente aun así votó y votó por la UNO mayoritariamente; por eso al conocer el resultado dado por el Concejo Central de Elecciones (CCE), los salvadoreños protestaron, invocó la revisión de resultados, invocando el respeto a la soberanía popular sin tener respuesta que no fuera otra que el silencio. Por eso la población salió a la calle, ocupó la plaza Libertad, se fue extendiendo hasta alcanzar unas diez cuadras a la redonda, hizo huelgas que se extendían día con día. Las mujeres, encabezadas por Glorita de Claramount, marcharon para demandar una respuesta al CCE, sin embargo seguía el silencio y se extendía la exigencia de respeto a la voluntad popular, antes de amanecer aquel lunes 28 de febrero, con miles y miles de personas que se mantenían en la plaza y sus alrededores respaldando a la UNO y sus candidatos, recordando aquel mensaje del candidato Ernesto Claramount que decía “Si nos quieren robar la victoria, NOS DAMOS EN LA MADRE”.

Lema que se volvió histórico en la voz de los salvadoreños.

La población enardecida por el fraude estaba en el parque Libertad y sus alrededores cuando fueron cercados por el ejército que ordenaba una evacuación en cinco minutos. La gente de los alrededores se acercó, se concentró en la plaza, gritaban consignas; el coronel Claramount tomó la palabra, pidió que cantaran el himno nacional y luego trató de persuadir a la tropa de impedir la masacre, pero fue imposible. Entonces Claramount  ordenó que entraran a la iglesia El Rosario en orden.

Coronel Claramount en el centro acompañado de compañeros del ejército.

La gente que pudo entró, pero toda la fuerza bruta militar se volcó contra el pueblo indefenso. Miles rompieron el cerco y corrieron hacia la Terminal de Oriente, recibiendo machetazos, culatazos y balazos, la iglesia rebasó por la cantidad de gente y sus vitrales fueron rotos para meter gases lacrimógenos. También  muchos salvadoreños fueron masacrados en distintos lugares como el Parque Centenario.

El coronel Claramount junto con oficiales de la Fuerza Armada.

Se negoció la evacuación con Cruz Roja, de manera que al amanecer nada quedaba, nadie sabía el saldo en vidas perdidas, heridos o capturados. El Cuerpo de Bomberos llegó a la plaza a lavar la sangre de los mártires de esa fecha histórica para nuestro país.

Empezó entonces un nuevo capítulo de la historia nacional, la indignación y protesta de quienes sufrieron y cuestionaron esta acción represiva del Gobierno de turno dio origen al nacimiento de una serie de organizaciones que más tarde se consolidaron en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que posteriormente se levantó en armas desde el 15 de octubre de 1979 hasta el 16 de enero de 1992.

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