Internacionales

Covid-19, ¿el nuevo Chernóbil en la guerra entre EEUU y China?

Pese al registro de miles de contagios y muertos en el mundo por el nuevo coronavirus, las pugnas por el control geopolítico no se detienen

En abril de 1986 la antigua Unión Soviética (URSS) enfrentó en Chernóbil uno de los peores desastres nucleares de la historia, con efectos ambientales solo comparables en magnitud a lo ocurrido en Fukushima (Japón, 2011).

Entonces, un conjunto de malas decisiones, encubrimientos y falta de pericia política en el manejo de la crisis terminaron por convertir esa catástrofe en el comienzo del fin de la otrora superpotencia que disputaba con EEUU la hegemonía del mundo desde 1945.

Si bien no es la primera vez que una potencia encubre sus horrores –como cuando EEUU, producto de sus pruebas nucleares provocó al menos 33,000 casos de cáncer en sus ciudadanos, de acuerdo con un informe del congreso; o Japón, que investigaciones posteriores revelaron negligencia oficial y escándalos de corrupción ligadas al negocio nuclear– la diferencia subyace en que para la URSS, Chernóbil tuvo consecuencias políticas devastadoras.

Visto en el espejo del pasado, lo ocurrido a los soviéticos pareciera querer repartirse como el “deja vu” de la mala gestión que apuntaló la crisis interna de ese país.

En plena guerra fría entre EEUU y China, ambas superpotencias tratan de alejar el fantasma de Chernóbil con el surgimiento del Covid-19, la pandemia global más grande de los últimos 100 años y que mantiene a más de mil millones de personas en cuarentena en el mundo, 1.4 millones de contagiados y 85,711 fallecidos, cuyo número no para de aumentar.

En los primeros momentos, tanto de la aparición del nuevo coronavirus en China como de la detección del primer caso en EEUU, los gobiernos de ambos países prefirieron quitarle hierro al asunto, al menos de manera oficial, sin dejar de lado la pugna geopolítica.

El primero en lanzar dardos fue el presidente estadounidense, Donald Trump, calificando el brote como “virus chino”, denostando la información que venía de Beijing que para mediados de enero enfrentaba un alza descontrolada de contagios en la ciudad de Wuhan, al tiempo que la enfermedad empezaba a llegar a otros países.

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