Editorial

La foto de un migrante salvadoreño y su hijita que murieron en el río Bravo se ha convertido en un reflejo de la triste realidad de nuestro país

No son las primeras personas que pierden la vida en su intento por buscar un mejor futuro en suelo estadounidense, muchos han muerto en el desierto de Texas, otros han desaparecido y sus familiares los han llorado en nuestro país con la esperanza de que sus cadáveres aparezcan para ser enterrados en la tierra que los vio nacer, pero la tragedia vivida por Óscar Alberto Martínez Ramírez y su hija, Valeria que huían de El Salvador y que se ahogaron en el río Bravo, se ha convertido en un símbolo de la realidad que sufren muchos compatriotas.

Desde el Papa Francisco hasta las Naciones Unidas, el presidente Donald Trump y el mismo Congreso de Estados Unidos lanzaron expresiones de angustia, empatía e indignación por las fotografías que recorrieron el mundo entro.

Las fotografías muestran los cuerpos de un hombre y una niña de poco menos de dos años flotando bocabajo, cerca de la orilla del río. El brazo de ella está alrededor del cuello de él, un indicio de que se aferró a su padre en sus últimos momentos.

Óscar Alberto Martínez Ramírez y su hija, Valeria, huían de El Salvador. La madre, Tania Vanessa Ávalos, estaba del lado mexicano del río y sobrevivió con la angustia de ver motir a sus seres queridos.

«Odio esto y sé que puede detenerse inmediatamente si los demócratas cambian la ley», declaró Trump ante los periodistas sobre la impactante fotografía de los cuerpos del padre y su pequeña.

En el Congreso, por su parte, han culpado a Trump por la tragedia. «Esa es una desgracia, señor presidente, usted es el presidente de Estados Unidos», declaró el líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer. «Usted es el titular del Poder Ejecutivo. Usted controla lo que está sucediendo en la frontera».

«(La imagen) Enfurece, porque la razón por la que Óscar y Valeria estaban tratando de nadar a través de ese río fue por la política de esta administración de negar la capacidad a la gente que viene a nuestros puertos de entrada a hacer un pedido legítimo de asilo. Y porque no pudieron hacer su solicitud en ese puerto de entrada, de acuerdo con la madre de la niña, ellos intentaron cruzar el río», reaccionó el candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Julián Castro.

Pero hay otros responsables de esta tragedia, y quizás con mayor grado de culpabilidad, y son la clase poderosamente económica de nuestro país y sus mandatarios que no han dado oportunidades a miles de miles de salvadoreños de vivir una vida digna en la tierra que los vio nacer, pagándoles salarios justos que logren cubrir los gastos básicos de los salvadoreños. El gobierno también es responsable por ser tan flojo y no presionar para estos salarios de hambre sean aumentados y de esa manera disminuir el flujo de connacionales a otras tierras con la esperanza de que sus vidas cambiarán.

Ahora la moneda está en manos del presidente Nayib Bukele y de los diputados de la Asamblea Legislativa que deben aprobar leyes laborales que cubran los gastos para que las familias pobres de nuestro país tengan una vida digna y dejen de pensar en abandonar el país buscando un mejor destino.

Señores de la ANEP, señores de la Cámara de Comercio, empresarios salvadoreños pónganse la mano en la conciencia y aumenten los salarios de sus trabajadores. Señores diputados demuestren que son los que trabajan por el bienestar de las mayorías y pongan en práctica aquel dictamen que dice que los salarios en El Salvador deben ser revisados y aumentados cada tres años, para permitir que la clase trabajadora tenga una mejor vida y deje de buscar un futuro más prometedor en otros países.

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