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Rufina Amaya, una sobreviviente de La masacre de El Mozote cuenta la historia

El Teniente Coronel Domingo Monterrosa Barrios fue el comandante del batallón Atlacatl responsable y autor intelectual de la masacre de El Mozote realizada bajo la dirección del capitán del batallón, Juan Horacio Martínez Martínez,  y el subcomandante, el mayor Gerson Calito y el mayor Melara.

El informe sobre la masacre señala como responsables de la matanza al lugarteniente José Azmitia y el teniente coronel Natividad de Jesús Cáceres.

El 27 de enero de 1982, un mes y medio después de la masacre, el periódico New York Times (de Nueva York) publicó una nota del periodista Raymond Bonner, corresponsal en América Central, con fotografías de Susan Meiselas, que aseguraba que en El Mozote se había cometido una gran matanza de civiles indefensos, y que el principal responsable era el ejército.

Rufina Amaya, sobreviviente cuenta la historia.

El Gobierno salvadoreño, por su parte, negó la masacre durante años. Los presidentes de la Junta Revolucionaria (1979-1982), Álvaro Fortín Magaña (1982-1984) y José Napoleón Duarte (1984-1989) negaron rotundamente los rumores de una matanza en El Mozote y los atribuyeron a periodistas de tendencia comunista, deseosos de perjudicar la imagen de la Fuerza Armada y del país. Alfredo Cristiani (1989-1994) continuó negando la existencia de la masacre hasta 1992, cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense empezó a hacer excavaciones en el lugar.

Teniente coronel Domingo Monterros Barrios.

Una mujer de nombre Rufina Amaya, se escondió y pudo salvarse de la masacre y contó su historia: “A mí fue el Señor el que me salvó y yo lo cuento porque  fue verdad, ahí murieron mis cuatro hijos chiquititos”.

Un efectivo que participo en la masacre dijo que los soldados fueron preparados en Carolina del Norte, Estados Unidos: “Nosotros solo pasábamos disparando contra la población y luego nos retirábamos y venían un grupo de apoyo que eran los que se encargaban de agarrar a los sobrevivientes y tirarlos a una fosa que se habría”. La fuente militar dijo que algunos soldados se mostraban inconformes por lo que hacían pero tenían que cumplir órdenes militares.

El soldado contaba que: “a las fosas tiraban cuerpos aún con vida, que se veía que respiraban y se movían. Después los familiares que iban a sacarlos pero ya habían muerto”.

Miguel Ángel Dávila, un guerrillero advirtió a los habitantes de El Mozote que el ejército estaba planeando asesinarlos, pero nadie le hizo caso. Los habitantes manifestaban que la tropa ya había pasado.

La mujer sobreviviente continua contando y dice: “que cuando llegó el ejército fue el 11 de diciembre de 1981: “Me acuerdo bien la fecha cuando llegaron los helicópteros y entró el ejército. El día 10 nos encerraron por la noche y nos sacaron a las cuatro de la mañana para la plaza. Después vino un helicóptero a aterrizar a El Mozote nos encerraron separados hombres y mujeres. Yo estaba con mis cuatro hijos el primero tenía 9 años, se llamaba José Cristino, María Dolores tenía 5, Marta Lilian tenía 3 y María Isabel tenía 8 meses, era la que yo tenía en mis brazos”.

La sobreviviente continuó y dijo: “Me subí a una banca que había enfrente de una ventana para ver qué era lo que pasaba con los hombres. Yo lo que alcance a ver era que los tenían vendados y maniados y les daban con los fusiles y los sacaban por grupos. Cuando sacaron el grupo donde iba el papá de mis hijos yo me senté en la banca a llorar pero no les dije nada a mis hijos. Entre dos soldados me quitaron a mis niños y los tiraron”.

Rufina era la última en una fila de mujeres logró esconderse en un matorral: “yo oía los gritos de los niños, como lloraban y decían mamá nos está metiendo el cuchillo. Mamá nos están matando. Me quede a la orilla de la calle viendo la casa donde estaban matando a las mujeres y ellas gritaban y lloraban. Las mataron como matar animalitos por eso quedaron regados los muertos por todas partes.

Mientras Rufina veía la masacre rezaba: “Dios mío si tú me salvas yo voy a contar todo lo que ha pasado, Eso es lo que yo pensé”.

La estirpe de Rufina.

Durante varias semanas esta masacre se mantuvo en secreto debido a un cerco de los militares, pero a finales de diciembre del 81 Carlos Consalvi que trabajaba Radio Venceremos rompió el cerco militar y contó: “Cuando penetramos a El Mozote lo hicimos con el micrófono de la unidad móvil  y una cámara fotográfica y fimos captando las calles desiertas, juguetes infantiles abandonados,  las casas quemadas y los cadáveres que estaban diseminados por la iglesia y las casas”.

Solo dos personas sobrevivieron la noche de la masacre, un niño y Rufina y ella dice que fue la misericordia de Dios que permitió que: “me ha elegido para dar este testimonio”.

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