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Menos discursos autoritarios y más generación de paz

Agencias

El resultado de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, que dieron la victoria a los demócratas, Joseph Biden y Kamala Harris, jugó un papel importante la población latina, y entre ellos la diáspora salvadoreña que ronda los tres millones en el país del Norte, y un fuerte pilar en la economía nacional.

Sobre las primeras lecturas que analistas extranjeros y nacionales han expresado de este evento electoral, argumenta el editorial de Generación Romero, es que “el pueblo estadounidense detuvo el avance del nacional-populismo”, que propugnó por sus redes sociales el actual presidente Donald Trump, que aún no ha reconocido los resultados y mantiene a su país en vilo por las demandas judiciales para quedarse en la Casa Blanca.

“En los últimos años promovió políticas anti-inmigrantes, racismo e impuso muros más allá de una simple metáfora, logrando una sociedad dividida y tensionada”, mencionó.

El editorial de Generación Romero trae a cuenta la homilía del 21 de agosto de 1977, de san Oscar Romero, cuando señaló “¿Qué quiere Dios con el poder político en un país? Quiere que esas fuerzas unan moralmente las voluntades de todos los ciudadanos al bien común; ¿Qué quiere Dios del Capital?… que se convierta”, a manera de recordatorio al Gobierno salvadoreño, que la población necesita más inclusión social y menos discursos autoritarios.

“En El Salvador, algunos sectores al parecer albergan la misma esperanza y se ve con optimismo la llegada de Biden, sin embargo, como lo expresó el padre Tojeira, sería -ingenuo creer que Biden nos va a salvar de muchos males-. Recordamos que en Estados Unidos, predomina una visión neoliberal, con dos partidos que defienden intereses imperiales”.

Generación Romero señaló que en la administración de Barack Obama, donde Josehp Biden era el vicepresidente, se realizaron el mayor número de deportaciones de latinos a sus países de origen. No obstante, en su actual agenda ha prometido resolver “algunos problemas de carácter migratorio”, como las soluciones definitivas a programas como DACA, TPS, que es prioridad urgente para miles de compatriotas.

“En este punto llama la atención, la tibieza del Gobierno salvadoreño sobre los resultados, que demuestra a todas luces la inconformidad por el gana de Joseph Biden, dada la relación estrecha que mostró Nayib Bukele, con su homólogo Donald Trump. Sin embargo, adelantamos en decir que como ha sido siempre, El Salvador seguirá órdenes, llegue quien llegue a la Casa Blanca. Será interesante ver, de qué forma esto influenciarán el rumbo del gobierno autoritario de Bukele”.

La evidencia de una transición en la forma de gobernar del presidente Nayib Bukele, apuntó Generación Romero, subyace en las declaraciones de la exembajadora Maricarmen Aponte, que recalcó que esperan del mandatario salvadoreño una muestra de su “disposición de trabajar con la administración Biden”. En lo que consideran una “imagen incómoda”, por las declaraciones del presidente Bukele, ante las cartas enviadas por los congresistas demócratas y republicanos, que expresaban su preocupación por el Estado de Derecho y la Libertad de Expresión.

No hay que olvidar que El Salvador es un país que vivió una guerra civil de doce años, ante un Estado represor que violentó los derechos humanos de la población y que generó miles de muertes, desaparecidos forzosamente y torturados.

“En las elecciones de los EE.UU., no es quien las ganó, pero es bastante revelador quién y cómo las perdió. Ha perdido un presidente autoritario de manera vergonzosa: es de los pocos de la historia de ese país que no logró una reelección. Este es un mensaje para El Salvador y para la administración Bukele que parecía seguir al pie de la letra los pasos de Trump. Queda claro que los discursos impositivos y los estilos autoritarios y manipuladores no tienen cabida en un país con urgencia de paz y democracia”.

Generación Romero recordó que los nuevos gobernantes de Estados Unidos, Joseph Biden y Kamala Harris, si bien tienen el “desafío de cambiar la quebrantada democracia de la era Trump”, esa administración no “dejará sus aspiraciones de ser la potencia mundial que busca el control a toda costa”.

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