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Cómo China venció a Trump en su ‘buena y fácil’ guerra comercial

Por BloombergE/N

El déficit persistente demostró la dependencia de las empresas de la gran capacidad de fabricación de China. Un grupo de 10 naciones del sudeste asiático reemplazó a EE.UU. como el segundo mayor socio comercial de China.

Como es bien sabido, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, publicó un tuit en 2018 cuando comenzó a imponer aranceles de US$360.000 millones a las importaciones de China donde decía que «las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar». Resulta que estaba equivocado en ambos aspectos.

Incluso antes de que el coronavirus contagiara a millones de estadounidenses y desencadenara la peor recesión económica desde la Gran Depresión, China resistió los golpes arancelarios de Trump, según las mismas métricas que utilizó para justificarlos. Una vez que China tuvo el virus bajo control, la demanda de equipos médicos y equipos para trabajar desde casa amplió su superávit comercial con Estados Unidos a pesar de los impuestos.

Si bien las tensiones comerciales entre las dos mayores potencias económicas del mundo no comenzaron bajo Trump, él intensificó la lucha con aranceles y sanciones sin precedentes para las empresas de tecnología. El enfoque más duro, según los registros presentados a continuación, no salió como esperaba. Pero está dejando a su sucesor, Joe Biden, un bosquejo de lo que funcionó y lo que no funcionó.

Aumentó el déficit comercial de EEUU

Trump prometió en su campaña electoral de 2016 «comenzar a revertir» muy rápidamente el déficit comercial de bienes de Estados Unidos con China, ignorando a los economistas convencionales que minimizan la importancia de los déficits bilaterales. Sin embargo, el déficit con China aumentó desde entonces, llegando a US$287.000 millones en los 11 meses hasta noviembre del año pasado, según datos chinos.

El déficit disminuyó en 2019 en términos interanuales debido a que empresas estadounidenses aumentaron sus importaciones de países como Vietnam, pero se mantuvo por encima de la brecha de US$254.000 millones de 2016. Esto se debió en parte a que la imposición de aranceles de represalia por parte de Pekín a alrededor de 110,000 millones de dólares en bienes redujo sus importaciones de productos estadounidenses, y éstos solo comenzaron a recuperarse en los últimos meses de 2020.

Como parte del acuerdo comercial de fase uno firmado hace un año, Pekín hizo un ambicioso compromiso de importar US$172.000 millones en productos estadounidenses en categorías específicas en 2020, pero hasta finales de noviembre solo había comprado 51% de ese objetivo. La caída de los precios de la energía en medio de la pandemia y los problemas con los aviones de Boeing tuvieron un papel en ese fracaso.

El déficit persistente demostró la dependencia de las empresas de la gran capacidad de fabricación de China, que la pandemia puso de relieve nuevamente. China fue el único país capaz de aumentar la producción a una escala lo suficientemente grande como para satisfacer la creciente demanda de productos como computadoras para trabajar desde el hogar y equipos médicos.

El presidente chino, Xi Jinping, expresó el lunes su confianza en el ascenso de China, diciendo a los funcionarios que «el tiempo y la situación están a nuestro favor». El líder chino dijo que veía que «las oportunidades superaban los desafíos», un cambio marcado respecto de sus duras advertencias de los últimos meses.

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