Opinión

Felipe (Windsor?) se murió

Por Guillermo Serrano, Martes 20 de Abril, 2021. (guillermo.serrano@ideasyvoces.com)

Y los británicos –que son los “reyes” del ceremonialismo- se encargaron de mostrarnos la pompa, la gravedad, los sobrevivientes vestidos de riguroso negro, el doblar de las campanas y los tambores marcando el paso de una caravana de familiares y parientes marchando hacia la próxima iglesia.
Además de ser el esposo de la reina de Inglaterra, ¿quién fue Felipe? ¿Qué hizo para merecer tales homenajes? ¿Y tal cobertura gratuita por cada canal de televisión que se precie?

La respuesta cínica es que ni él ni los sobrevivientes –todos con títulos y dineros que les vienen por esos títulos- han hecho nunca nada por su país y que vamos a decir del mundo, con tanta necesidad y carencias de todo tipo.

La otra respuesta, la que les gusta a los que admiran las monarquías, es que los reyes y príncipes son necesarios para darles estabilidad política a sus países. Así se han perdonado o tratado de perdonar los pecadillos del emérito rey de España, que más de alguna vez se fue de cacería de animales en vía de extinción, acompañado de alguna de sus amantes…

Pero hoy podemos centrarnos en el hecho que Felipe (cosa curiosa, insisten los de la monarquía en no “acordarse” que ya que son una dinastía, por lo que también tiene apellido, en este caso los Windsor) ha partido a la dimensión no conocida experimentalmente por nadie que llamamos la muerte. Y si los que dicen que saben tienen razón, el que parte de aquí ya no es conciente de nada de lo que suceda en esta tierra, entonces toda la pompa, la gravedad, las vestimentas de negro, los tambores marcando el paso ya no tienen sentido.

Pero la ilusión y la fantasía en cuanto al ceremonialismo ante la muerte no es algo sólo de los Windsor. Acompaña a todos los seres humanos sin distingo de religión o de filosofía. Por aquello de que no sabemos, es mejor “hacer algo” que parezca grave según el momento.

Pero la cesación de la vida o, lo que es lo mismo, la muerte nos iguala con lo que queda de los monarcas o con el vagabundo que circula sin rumbo y sin encontrarle sentido a la vida. La cuestión es si podemos prepararnos para ese momento que llegará, más tarde o más temprano para cada uno, no importa en la grada que nos encontremos en esto que llamamos vida.

Un dicho antiguo dice que más vales que Dios nos sorprenda confesados. Pero otro texto, más antiguo que ese dicho explica que hay un sentido de eternidad en el corazón de cada ser viviente. La cuestión es si lo hemos descubierto y cómo podemos hacernos de esa verdad.

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