Opinión

Miedo a las vacunas (se prefiere la muerte…)

Por Guillermo Serrano (guillermo.serrano@ideasyvoces.com)

No es la primera vez -y pensamos que no será la última- que escribimos sobre las vacunas y ahora, en este tiempo, específicamente sobre las diversas que existen para combatir el corona virus o covid-19.

Decimos, que existen personas que están contra la vacunación masiva para prevenir la entrada al organismo del corona virus o covid-19. Y las razones que argumentan los que se oponen, van, desde los mitos como los que dicen que los hombres más ricos del planeta desean implantar un microchip, de manera de controlar a las personas, o de saber dónde están, y, qué es lo que hacen.

Y están -en el vasto mundo religioso- lo que creen que se trata del fin del mundo y que la vacuna es la marca del anticristo o algo similar.

Lo concreto, es que las personas que no se vacunan, prefieren la muerte, así de sencillo. Esto me recuerda aquella encuesta que dice que, para algunas personas, la sola idea de hablar en público es tan paralizante que prefieren morir a enfrentar una audiencia…

¿Por qué decimos que no vacunarse contra el covid-19 es simplemente esperar la muerte? Porque hasta el momento, este virus se ha cobrado la vida de más de 4 millones de seres humanos al 15 de julio, 2021.

Familias e individuos nunca cuestionaron la vacunación masiva contra la tuberculosis, o la viruela, o poliomielitis en el pasado. Sin embargo, ahora, y por cuestiones políticas o religiosas, se da un segmento de la población que cuestiona la simple recomendación de prevenir el aumento de los contagios del moderno covid-19, simplemente por un capricho que puede ser mortal entre los que así rehúsan la evidencia científica.

Para los no vacunados contra el corona virus, existe el riesgo de las mutaciones del virus, y, ahora con la llegada de la variante “Delta”, nos encontramos nuevamente con la posibilidad de una nueva pandemia.

Los virus son pequeños. Pero pueden crecer. Puede parecer una analogía mala, pero los virus son como los elementos de la fe, que, pequeños, como la semilla de mostaza, crecen y llegan a ser un árbol frondoso. En este caso, esperamos que ese árbol -el del covid-19- no solo no crezca, sino que desaparezca.

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