Opinión

Refugiados y asilo

Por Guillermo Serrano (guillermo.serrano@ideasyvoces.com)

“O el asilo contra la opresión…” dice un himno nacional, compuesto hace un siglo y medio. Y claro, era otra época. Cuando las naciones podían darse el lujo de darle la bienvenida a algunas decenas y cuando más, centenas de personas que buscaban refugio, ante la persecución de las tiranías.

Pero hoy no cantamos tan románticamente, cuando cientos de miles y hasta millones de personas huyen con lo puesto para ponerse a salvo de tanta injusticia, como la hay hoy, o simplemente para rescatar del hambre y las necesidades más básicas del ser humano.
Y las naciones -todas ellas- ya no tienen esas comitivas cuya función era darles la bienvenida los “pobres y desamparados de la tierra” como lo pone la estatua de la libertad en Nueva York.

Es que los muchos refugiados pesan en las mentes y ánimos de los que viven en un lugar -muchos de ellos también refugiados “anteriores” o inmigrantes- que ven amenazados sus espacios, su cultura, sus comidas o su idioma. Además-dicen- los inmigrantes ponen en peligro sus trabajos, copan sus escuelas y abarrotan los centros de salud haciendo que el estado pague por esas atenciones sanitarias.

¿Cuánto de verdad hay en todas esas aprehensiones, y temores ante las grandes masas que se dejan caer sobre las fronteras de todos los países hoy en día? Otra pregunta: ¿tenemos alguna responsabilidad como seres humanos hacia los que llegan a nuestras ciudades en busca de ayuda? O responderemos simplemente con aquella indiferencia que refleja no solo falta de solidaridad, pero también egoísmo, una característica muy común en el presente siglo.

No caben dudas que el mundo actual no es y ya no será como el que conocimos de hace 40 o cincuenta años atrás, en que todo parecía estar suspendido o estático sin que nada interrumpiera ideas y costumbres que parecían inamovibles. No, ya nos encontramos con guerras y conflictos civiles que, cuales jinetes del Apocalipsis arrasan con todo, incluido el sentir de ciudadanos que no conocen ya más de los manejos políticos de elites que lo negocian todo, incluido en el paquete, esas zonas que de la noche a la mañana, se pueblan de personas extrañas que ya no se irán, y que formarán parte de eso que llamamos país, región y ciudad que alguna vez fueron nuestras, pero que ahora estamos llamados a compartir.

Es tiempo de despertar ya y de ver como podemos ayudar ante la necesidad de esos prójimos que desean una mano amiga, algo de comer, abrigo y también una oportunidad de trabajar. Después de todo, nosotros también pedimos y tuvimos esa oportunidad. Algunos se atrevieron a decir que tuvieron suerte. Yo creo que fue más bien providencia divina en que se nos hacía bien, para que nosotros también lo hiciéramos…

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