Opinión

Elección en Chile y un final inesperado

Por Guillermo Serrano guillermo.serrano@ideasyvoces.com

Se terminó la incógnita en una de las elecciones presidenciales de difícil pronóstico en Chile, el angosto país, de larga historia democrática -aunque interrumpida a veces por golpes militares, o por lo menos, asonadas militaristas- y con cambios generacionales ¡que confunden a los encuestadores!

“Un triunfo que se consolidó en las grandes regiones urbanas trasformó a Gabriel Boric, el joven diputado de Magallanes que el 11 de febrero cumple 36 años, en el nuevo presidente de Chile que, a priori, gobernará hasta 2026 si es que la propuesta constitucional de la Convención no señala otra cosa. Será, además, el Mandatario de menor edad de la historia de Chile, superando por meses a Manuel Blanco Encalada” (Fuente: Emol.com – https://www.emol.com/noticias/Nacional/2021/12/19/1041599/resultado-eleccion-presidencial-boric-kast.html#comentarios).

Fue un historiador-geógrafo quien definió al país como “una loca geografía”. Y yo agregaría, un Chile es un país de locas decisiones y que se han de demostrado en cambios políticos, sociales, educacionales, culturales, gastronómicos, estilos de vida, sistemas económicos y otras cuestiones “accesorias”.

¿Dónde y cómo se origina un fenómeno como el presidente electo de Chile, Gabriel Boric? Habría que ir a lo que se conoce como el “estallido social”, fenómeno de protesta ciudadana que involucró a estudiantes, trabajadores, dueñas de casa, gente común que, por varios meses desde el 18 de Octubre del 2019 al 18 de Marzo del 2020, salen a la calle en todas las provincias y pueblos -además de la región metropolitana, donde se encuentra la capital, Santiago- a protestar por las desigualdades sociales, los ineficientes sistemas de salud, los bajos salarios, las alzas constantes en las viviendas, los transportes, las pensiones irrisorias, cuando las administradoras de esos inmensos fondos de dinero, solo se preocupaban de las ganancias de los inversionistas, dejándoles una migaja a los ahorrantes.

Esas protestas ciudadanas, fueron aprovechadas por aquellos individuos anarquistas que se dedicaron a destruir portales de tiendas, plazas públicas, sistemas de alumbrado eléctrico o telefónico, estaciones de trenes del sistema de transporte de metro o subterráneo, incendiando quioscos de ventas de periódicos y de venta de productos. Una treintena de muertos, más de 400 heridos y más de 2000 presentaciones judiciales contra el maltrato policial, fueron los tristes resultados de protestas desbocadas, que también se contaron en 176 policías heridos con lesiones graves y menos graves.

La sociedad chilena -toda ella- se sintió afectada, intimidada y hasta herida al no poder asimilar todos esos cambios y con el sentido de impotencia que acarrea una situación que no se puede solucionar. Las instituciones que antes eran creíbles, llámese los partidos políticos, las iglesias cristianas, los sistemas judiciales, ya no podían ser árbitros de nada, porque todas ellas, ya no eran confiables ante sus propias fallas y escándalos dados a conocer por los medios de comunicación.

Gabriel Boric, primero, dirigente estudiantil y luego congresista, se transforma, junto a otros políticos jóvenes en la voz de iniciativas y proyectos que pocas veces cuajan, entre diputados y senadores preocupados más por velar por sus propios intereses, que a veces, iban de la mano con contribuyentes en moneda dura…
No podía, entonces, desconocerse al joven Boric que para muchos de su generación podía encarnar la voz de cambios en un sistema político-social ya agotado.

¿Podrá el joven presidente chileno llevar a cabo un programa muy ambicioso de transformación social y económico en un país que ha comenzado a cambiar desde las bases desde hace algún tiempo?

El tiempo y la historia nos dirá nuevamente, si el país más largo del mundo, puede salir adelante, con uno de los presidentes más jóvenes del mundo y, con ideas amplias y ambiciosas que tendrán que encuadrarse en el juego político de una región que quiere jugar a hacer cambios que beneficien a su población, y que ayuden a cambiar la historia para ser consecuente con los discursos partidistas.

Chile, con estos resultados electorales, le está dando al César lo que le corresponde. Pero, ¿le estará dando a Dios lo que le corresponde a Él? Porque no caben dudas, que las trasformaciones sociales se inscriben en una búsqueda espiritual que lleve a los ciudadanos -a todos ellos- a mirar más allá de las cuestiones temporales para sanar al individuo completo. ¿Será eso posible?

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