Opinión

Y todos deberíamos ser hermanos, pero no ha sucedido

Por Guillermo Serrano (guillermo.serrano@ideasyvoces.com)

Mientras escribo estas notas, estoy oyendo la Novena Sinfonía de Ludwig Van Beethoven a cargo de la Orquesta Sinfónica de Chicago, que es un canto a la hermandad y fraternidad de todos los hombres. Y suena irónico decir esto cuando el mundo sufre guerras civiles, matanzas genocidas y posibilidades de guerra entre Rusia y Ucrania.

Y Beethoven insiste con la letra que canta el coro de esa magna pieza musical: “Escucha, hermano, la canción de la alegría y el canto alegre del que espera un nuevo día. Ven, canta, sueña cantando, vive soñando el nuevo sol en que los hombres volverán a ser hermanos”.

Las razones de Ucrania para ser libre, tienen que ver con el hecho de querer formar parte de la Unión Europea y entrar al círculo de aquellos países que intercambiar sus productos, produciendo fuentes de trabajo y bienestar para su mas de 40 millones de habitantes produciendo más y mejor de sus productos agrícolas y las fundiciones de acero, además de las industrias modernas de electrónicas y de productos cibernéticos.

Rusia, por su parte, no desea una Ucrania completamente independiente. Más le gustaría una postura como la de Finlandia que sin oponerse directamente a lo que era la Unión Soviética o la moderna Rusia, mantuvo siempre una neutralidad, sirviendo así de “amortiguador” a las pretensiones de Occidente.

Y lo más preocupante de todo esto, es el juego estratégico de la OTAN de insistir en una Ucrania libre, para que, dé el otro paso: el de ser miembro de esa organización militar para servir de base no solos a tropas, pero a la instalación de misiles nucleares.

Rusia, por supuesto, se opone a eso, por una cuestión de estrategia y de supervivencia. Nadie estaría tranquilo con misiles con cabeza nuclear mirando y alcanzado Moscú en cuestión de minutos.

Europa y los Estados Unidos parecieran verse envueltos en guerra cada 20 años. Y ahora, con Irak y Afganistán, cesados de interés y de participación de tropas -mayormente de Estados Unidos- el gusano de la guerra hace nuevamente su aparición en regiones que nunca han conocido la paz duradera.

Y el director, Riccardo Muti se esfuerza en el podio por sacar los mejores sonidos y cánticos de la orquesta que dirige, con la pregunta de esa Sinfonía, que quiere interpretar el hecho de por qué, los seres humanos no podemos ser hermanos.

El problema de la desunión y los afanes guerreristas van más allá de una partitura musical. Tiene que ver con la codicia y ambición de hombres y mujeres que sintiéndose empoderados, no vacilan en arriesgar la vida del planeta por ese ego desmedido que desea alcanzar algún reconocimiento en la historia, aunque sea a costa de la vida de millones de personas.

Es probable que el conflicto europeo comience, pero no sabemos cuándo podría terminar. Recordamos los relatos de los abuelos que cuando hablaban de la Gran Guerra (1ª. Guerra Mundial), creían que sería cuestión de dos semanas. ¡Pero duró 4 años!

Para que los hombres sean hermanos se requiere de un acto de humildad en que reconocemos el valor de la vida, primero, que es un don no generado humanamente, sino un regalo divino, y aquí no

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