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Arte y Literatura

“Children of the World” ahora incluirá a El Salvador

El arte y las emociones que provoca el proyecto escultórico Children of the World ha comenzado a llegar a El Salvador, y permanecerá aquí para la posteridad al igual que en otros países, sobre todo latinoamericanos.

Desde hace más de tres meses, su creador el salvadoreño-estadounidense Óscar Molina hace los preparativos necesarios para que 18 de sus esculturas de gran formato sean colocadas en el lago de Ilopango, para lograr el mismo efecto visual obtenido con siete piezas que dispuso en un río del viñedo San Francisco, en San Miguel de Allende, México.

Después de Estados Unidos, la nación azteca posee su obra. El Salvador será el tercero en tenerla y para 2024 sus creaciones serán ubicadas en Argentina y Ecuador.

El proyecto de Óscar es que todos los países latinoamericanos tengan piezas de su monumental Children of the World.

 “Todo comienza antes de la COVID-19. Había empezado con la escultura en el 2019. Comencé con la oleada de migrantes hacia Estados Unidos que hizo memoria de mi persona cuando pasé por el desierto de Arizona. Entonces, todo el escándalo me hace pensar que la historia de cada migrante es diferente. Ha existido por siglos, existe ahora y seguirá existiendo a raíz de los conflictos de cada país, las deficiencias de cada gobierno, entre otras cosas. Entonces, fuerzan al ser humano a hacer esas travesías donde arriesgas todo por el todo. Al final del día no tienes nada más que caminar”, comparte.

Nacido en el cantón Ocotillo, municipio de Lolotique, Morazán, un joven Óscar de 16 años y un hermano viajan de forma ilegal hacia Estados Unidos. Su travesía duró un mes.

En Estados Unidos atravesaron el desierto de Arizona. Iban como 200 migrantes aproximadamente, incluyendo a los salvadoreños. “Children of the World” es un recuerdo a lo vivido por Óscar en 1989, por eso en total hará 200 esculturas.

“Comienzo con pintura, es una especie de abstracto donde pinto esas siluetas oscuras que podía percibir en el desierto. Cuando caminas en la noche lo único que puedes ver son esas siluetas. Sabes que son conocidas porque son las figuras de los humanos, pero también desconocidos porque no sabes de dónde vienen, quiénes son y la historia de cada quién”, añade.

Las mismas figuras que pintó luego se volvieron esculturas. Hay de todo tamaño. Las más pequeñas miden 50 centímetros y los más grandes seis metros.

Es decisión del artista el número de piezas que colocará: pueden ser desde tres hasta 25 por cada composición.

“Las comienzo a hacer de concreto porque es el material con el que he trabajado toda mi vida y se me hace fácil moldearlo […] Las primeras están todavía y son súper grandes, pesadas. Después las hice más manejables. Todas estas piezas tienen un sentido profundo de energía, de espiritualidad. Cuentan la historia de cada persona que toma esa decisión de cruzar una frontera”, dice.

Al preguntarle cuánto le llevó crear la escultura de seis metros comenta: «Te lo voy a contestar así, tardas una vida entera».

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