Ernesto Claramount, un legado de servicio y honestidad como servidor público
Este recien pasado mes de febrero, se cumplieron 47 años que el general, Carlos Humberto Romero, del Partido de Conciliación Nacional (PCN) le arrebató la presidencia, al legendario coronel Ernesto Antonio Claramount Rozeville, del partido Unión Nacional Opositora; ese robo político fue el 20 de febrero de 1977.
Ernesto Claramount, fue hijo de Blanca Rozeville y del general de Brigada, Antonio Claramount Lucero, quien, a su vez fue un militar de carrera y un prominente ingeniero civil, graduado con honores en la Universidad de El Salvador. Participó en el diseño y construcción de los puentes Cuscatlán y del puente de Oro, fue exiliado por 11 años a Guatemala por el general Maximiliano Hernández Martínez, luego de haberle arrebatado la presidencia que había ganado de forma legítima en 1931.
Más tarde, por los años de 1976, su hijo, el coronel Ernesto Claramount, fue elegido precandidato a la presidencia por un grupo de salvadoreños prominentes como Dagoberto Gutiérrez, el terrateniente Mario Rodríguez Inclán, Enrique Álvarez Córdova y líderes prominentes de la izquierda salvadoreña, como Shafik Jorge Handal y José Luis Merino.

En su trayectoria militar ocupo varios cargos, entre ellos, jefe de la seguridad nacional. Eran años de turbulencia social y política; estando en ese cargo, descubrió en algunas unidades del ejército y en los cuerpos de seguridad, grupos de militares que se estaban organizando como Escuadrones de la Muerte y escuadrones de secuestro, para lucrarse e intimidar a la población, situación que informó al entonces presidente, General Fidel Sánchez Hernández, lo que le ganó su despido de su carrera militar en 1971.
Siendo un militar retirado, pues había sido dado de baja por Sánchez Hernández, continuó su trabajo político y ante las condiciones de desigualdad, no dudó en involucrarse con el partido Unión Democrática Nacional y aceptó ser candidato a la presidencia en 1977.
De acuerdo con testimonios de adultos mayores de diferentes lugares tales como, Apopa, Verapaz, y Cuzcatancingo, su campaña fue muy intensa, el apoyo a su candidatura fue arrolladora por sus ideales de justicia y respeto a la democracia. El 20 de febrero de 1977, resultó electo como presidente de la República por el partido de La Unión Nacional Opositora (UNO), el coronel Ernesto Antonio Claramount Rozeville.

Pero el fraude, tal como lo expresa una nota de la Universidad Centroamericana, ya había sido planificado con meses de antelación y ese 20 de febrero, la gran oligarquía y los altos mandos militares no iban a permitir que la oposición ganara las elecciones. ¿Qué se podría esperar del coronel Arturo Armando Molina? si el mismo, de forma amañada, había llegado a la silla presidencial.
A esto, se suma que el organismo rector de las elecciones tenía la orden expresa de declarar ganador al general Romero por encima de todo.

Tal como lo expresan diferentes notas, eso desató en los días siguientes grandes manifestaciones a nivel nacional; cientos de salvadoreños se concentraron en la Plaza Libertad, al costado poniente de la Iglesia El Rosario, para denunciar el fraude y el día 28, los cuerpos de seguridad muy de mañana hicieron un cerco alrededor de las multitudes y abrieron fuego contra ellas; sentencia que había sido firmada el día 25 de febrero cuando los representantes del gran capital de este país se reunieron con el alto mando militar y donde se habían dado la orden fatal.
Testigos, entre periodistas y socorristas, señalaron que la masacre fue tal, que dejó cientos de muertos (no solo a en el centro de San Salvador, sino a nivel nacional). Para retirar los cadáveres, camiones de volteo del Ministerio de Obras Públicas (MOP) se pusieron a disposición; al retirar los cuerpos, fueron soterrados en fosas que ya habían preparado, que a la fecha, nadie ha investigado. Posteriormente, camiones del Cuerpo de Bomberos limpiaron la sangre que quedó esparcida en la Plaza Libertad.

El fraude contra la coalición del Movimiento Nacional Revolucionario, La Unidad Nacional Opositora y el partido Demócrata Cristiano, quienes propusieron a 3 militares y resultó electo el coronel Ernesto Antonio Claramount Rozeville (por su integridad y honestidad), este ultimo siempre buscó convencer que la guerra no era el camino para resolver los graves problemas del país; pero no lo iban a permitir.
Las urnas fueron abiertas y llenadas con papeletas a favor del partido oficialista pues, audios se filtraron donde decían “tenemos que traer los tamales”, refiriéndose al fraude que había sido planeado.

El 25 de febrero el presidente de facto, el coronel Arturo Armando Molina, y el grupo de la oligarquía salvadoreña, el alto mando de la Fuerza Armada y los líderes del Partido de Conciliación Nacional, se reunieron y mandaron a llamar a la señora de Claramount.

La esposa del coronel Claramount fue citada por el coronel Antonio López, en ese entonces era director de la Policía Nacional, a él lo envió Molina, el PCN y el gran capital de ese momento. La reunión se dio en la esquina norponiente de la Policía Nacional en San Salvador, a la señora le ofrecieron un cheque en blanco y el coronel López le dijo: “no escatime las ocho cifras, lo único que le pido es que si la cifra es muy elevada me de tiempo con el señor presidente que está esperando y saber que opinan ellos de la cantidad que usted ponga”.
La esposa de Claramount contestó: “y esto a cambio de qué”, y el coronel López le dijo: “queremos que Ernesto ante los medios de prensa nacional y extranjeros y ante más gente que vamos a traer, en dos días, diga que no ha habido fraude electoral, y que el señor presidente es el general Carlos Humberto Romero, ahorita mismo podemos ir a abrir una cuenta a cualquier banco, y en esos dos días le facilitamos un avión de la Fuerza Aérea para que viajen a México o a cualquier país de Centroamérica y transfiera los fondos, así ustedes van a estar seguros que con eso no van a tener problemas”.
La señora Claramount sonrió y comenzó a romper el cheque que tenía en susmanos, «coronel, el honor y la dignidad de Ernesto Claramount no tiene precio, que tenga una linda tarde», expresó mientras se retiraba.

Esto marcó el inicio de una guerra atroz que duró 12 años y que ni el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), cuando estuvo en el poder, reconoció el legado de este valiente y honorable servidor de la patria, solamente Antonio Saca, cuando fue presidente de la República, mencionó la importancia de dar a conocer la historia del coronel Claramount a las futuras generaciones, sin embargo dicha inciativa no se concretó.
El expresidente Saca reconoció que hubo fraude y una masacre en torno a postulación del coronel, de allí la importancia en preservar la historia en la juventud y estudiantes. Dicha mención del expresidente, no fue del agrado de la gran oligarquía del grupo radical de ARENA, según confirman fuentes.
A pesar del gran fraude y la masacre registrada en el parque Libertad, la historia aun no ha sido tomada en cuenta en los libros del Ministerio de Educación, como texto histórico para los estudiantes del Plan Básico o de forma general.

El legado de lucha por la justicia y democracia del coronel Claramount sigue vivo y es un ejemplo de valentía y servicio de un verdadero ciudadano y patriota, cuyo legado de servicio a los más necesitado se ha extendido a través de la Fundación que lleva el nombre del coronel Ernesto Claramount, como un monumento a la integridad y verdadera democracia en el país.
