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Espectáculos

José Amaya inició su trabajo desde muy pequeño y luego se hizo titiritero

El titiritero, José Amaya, nació en el Bajo Lempa, al oriente de El Salvador, tuvo la oportunidad, desde muy pequeño, de interactuar con espectáculos de títeres.

En su niñez cazaba pájaros para comer por lo que llegó a aprender sus cantos. Fue por su habilidad para trinar que le dieron la oportunidad de participar en la obra “Los dos ruiseñores”, de Hans Christian Andersen. Su papel era trinar y trinar. Su debut fue con uno de los grupos de artistas de Acto Teatro, que manejaba Roberto Salomón.

Amaya cumplirá 44 años como artista, que se resumen en 32 obras puestas en escena, el 80 % propias (escritas) y el 20 % adaptaciones. Solo la obra “La historia de un huevo perdido” (adaptación) cumplió más de 1,700 funciones (hasta octubre 2023) y la ha presentado en 11 países. En Guatemala su trabajo ha llegado a más de 100,000 niños indígenas.

Su padre era carpintería de campo, construía todo lo relaciona al trabajo con los bueyes, yugos, carretas, todo lo fabricaba en sus momentos libres y así fue aprendiendo.

Cuando era pequeño hacía aviones de madera de tigüilote, los pintaba con añilina y les ponía clavos como patas porque en el sector había muchas algodoneras y miraba cómo eran los aviones. Las hélices se las ponía de palma, con las que se hacen los techos de las casas, y con una espina de cactus, que nosotros le decimos cuche saite, que son enormes, con esas prendía las hélices.

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