Félix Ulloa es cuestionado en una entrevista de El País sobre la forma autoritaria que está empleando el gobierno de Nayib Bukele

En una conversación con el periódico español El País, Félix Ulloa vuelve a ofrecer declaraciones que chocan de frente con la realidad. En esta gira de relaciones públicas, el vicemandatario parece estar enfocado en edulcorar la imagen de un gobierno que ha desafiado la legalidad y ha atacado a quienes no están de acuerdo y lo señalan.
A continuación, algunos contrastes con las palabras del vicepresidente de la República que pretenden pintar una imagen más compleja que la que hay detrás de los intentos de Félix Ulloa de dejar “bien librado” al gobierno, acusado de llevar a El Salvador a un pasado autoritario y que ha vuelto a abrir las puertas a la violencia política de antaño.
El vicepresidente afirma que en su conversación con el Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, se logró tranquilizar temores de una deriva autoritaria en El Salvador. Además, afirma con contundencia que no existe tal deriva. Sin embargo:
Además se le cuestionó que en menos de seis meses desde que asumió la mayoría del Congreso, ha habido una consolidación del poder en torno al presidente de la República. Este controla a los diputados de la Asamblea Legislativa, quienes aprueban de forma exprés todo lo que reciben desde Casa Presidencial.
Además, sus diputados se deshicieron de una Sala de lo Constitucional que lo incomodaba, de un fiscal general que investigaba corrupción dentro del Órgano Ejecutivo y, más recientemente, de un tercio de los jueces, incluyendo algunos que investigaban casos de alto impacto, como la masacre de El Mozote, para la cual el gobierno no ha querido dar acceso a los archivos militares.

Algunas instituciones anticorrupción también han sido desmanteladas. Entre ellas, el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP), que el gobierno ha capturado por medio de nombramientos irregulares y de personas vinculadas al partido Nuevas Ideas, pese a que esto es prohibido por la ley. Una comisionada incluso fue precandidata a una diputación por el partido de Bukele. Esto ha vuelto engorroso y prácticamente imposible conocer cómo el gobierno prioriza y ejecuta los fondos públicos.
Por otro lado, la CICIES, promesa estrella de campaña del presidente, también fue desmantelada cuando hizo su trabajo y presentó al menos doce casos de posible corrupción a la Fiscalía.
También se dijo que la Policía y el Ejército han sido manipulados y politizados. Estos contribuyeron a una toma violenta del Palacio Legislativo y se negaron a cumplir órdenes de la Asamblea Legislativa cuando está aún no era controlada por Bukele.
También se cuestionó que los diputados oficialistas realizaron Golpe de Estado en contra de los magistrados de la Sala de lo Constitucional. Y el Gobierno utilizo la policía para abrir al recinto de justicia para que entraran los cinco magistrados de facto.
Además, en el golpe del 1 de mayo, fueron los policías los que se tomaron las sedes de la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía, minutos después de que los diputados del presidente removieron ilegalmente a magistrados y el fiscal general.

Los medios no corren mejor suerte: en dos años y medio, han sido amenazados, castigados financieramente por su línea editorial, difamados y, por si fuera poco, con fondos públicos se financia una red de propaganda gubernamental pobremente disfrazada de periodismo. Esto último incluso lo certificó la administración de Donald Trump, esa que el gobierno de Bukele consideraba su amiga.
En resumen, y contraposición a las palabras de Ulloa: El Salvador es hoy por hoy un país sin balance de poder, con instituciones que giran en torno y responden a una sola persona, con un velo de impunidad ante irregularidades en las compras del gobierno, aparatos de seguridad politizados, una sociedad civil amenazada e intentos significativos de silenciar a la prensa independiente.
Además se apuntó que El Salvador se ha aislado internacionalmente y el resto de países ya lo miran con desconfianza, dice experto en política externa
Eso luce mucho a autoritarismo. No importa cuántas giras de relaciones públicas se haga.
Sobre reelección
Sobre este tema se le preguntó: “Si la legislación vigente es esa hay que cumplirla. El presidente podría presentarse”.
La legislación vigente, es decir la Constitución, es clara en decir que el periodo presidencial dura cinco años y ni un solo día más.
La Sala de lo Constitucional que los diputados leales a Bukele impusieron por la fuerza avaló en una resolución la reelección inmediata. Pero un tribunal constitucional no tiene esa competencia, pues es un árbitro de cualquier acto jurídico, político o administrativo a la luz de la Constitución.
Es decir, no puede inaplicar o contradecir el cuerpo legal que le da su poder, simplemente usarlo de base para analizar y juzgar todas las áreas que están bajo su competencia.
También se le dijo que si el país se ampara a la legislación vigente y la cumple, el presidente no puede presentarse. Si se ampara a un fallo que viola la Constitución (en áreas donde la misma Constitución no puede ser reformada), entonces sí podría. Pero eso sería ilegal y por la fuerza…
Sobre el poder total
La pregunta fue: “La gente mandó al carajo todo y le dio a Bukele todo el poder”.
Ante esto Ulloa contestó: La gente no le ha dado “todo” el poder a nadie. La gente colocó a Nayib Bukele en la presidencia y luego le favoreció con una mayoría calificada en el Legislativo mediante el voto. Eso le da muchos poderes legítimos al mandatario y a su partido político, amparados en la Constitución. Pero nunca le va a dar todo el poder.
También se le mencionó que en su artículo 86, la Constitución establece que “los funcionarios del Gobierno son delegados del pueblo y no tienen más facultades que las que expresamente les da la ley”.
Ulloa contestó: Lo que el gobierno está haciendo es escudarse en su popularidad, que hasta hoy es real, para desconocer los límites que la ley establece. Y utilizar mayorías coyunturales para doblar la legalidad es una traición a la Constitución y una visión miope de qué significa el Estado de derecho: no es la licencia de poder doblar o ignorar la ley si esta no resulta conveniente. Por el contrario, es el gobierno “de leyes, no de reyes”, donde nadie puede estar por encima de la ley sin una consecuencia.
Sobre una revolución “sin violencia”
“Lo he interpretado más como una revolución pasiva al estilo de Gramsci, esas grandes transformaciones que se dan sin violencia porque lo que se está haciendo ahora es lo que se quiso hacer en los años ochenta y ahora se están haciendo transformaciones sin disparar un tiro”, apuntó Ulloa.
Sin embargo se le refutó afirmando que: No disparar un tiro no es la única forma de ejercer violencia, menos desde un aparato como el Estado. En poco menos de dos años y medio, el gobierno está desplegando una matonería propia de los modelos autoritarios del pasado.
Se le recordó que en febrero de 2020, intentó presionar e intimidar a los diputados opositores al llevar a un pelotón de soldados y policías fuertemente armados a la Asamblea Legislativa, al tiempo que apostaba otros agentes fuera de la casa de legisladores críticos al gobierno. La misma suerte han corrido magistrados destituidos, quienes fueron acosados y hasta se utilizó información familiar sensible para presionarlos.
Además, durante este periodo, la Dirección General de Centros Penales ha desafiado órdenes judiciales que le ordenaban enviar a arresto domiciliario al exalcalde de San Salvador y no ha concedido tratos humanos a exfuncionarios de las administraciones del FMLN actualmente bajo custodia.
Ante esto Ulloa aseguró que quienes critican al gobierno o disienten son víctimas de viles y feroces ataques por parte de cuentas falsas afines al gobierno. Estos son replicados por algunos replicadores e influenciadores del oficialismo, que buscan mediante el insulto silenciar el disenso.
En síntesis el vicepresidente pretende pintar la imagen de un país que está bajo un proceso de reformas pacíficas. Por el contrario, en El Salvador hay una creciente hostilidad ante quien disiente del poder y lo manifiesta abiertamente.



