¡Hay que cerrar las fronteras del país!

Por Douglas Salamanca
Managua-Nicaragua. Hasta el momento en que escribo este artículo, el corona virus no ha llegado a Nicaragua, lo cual debemos considerarlo como una bendición.
Sabemos, sin embargo, que el temible virus está ya presente en los países vecinos de Honduras y Costa Rica, por lo cual no tardará mucho en llegar a Nicaragua. En realidad, es un milagro que aún no se haya presentado.
Sabemos a ciencia cierta que el virus llegará necesariamente desde el exterior. Sin embargo, el gobierno orteguista no está tomando las medidas para evitar que eso ocurra. Es decir, que no está actuando con seriedad. Hay algunos rumores de que ya hay algunos contagiados con el virus internados en varios hospitales de Managua.
Las autoridades del Minsa han informado que no se aplicará cuarentena a los visitantes foráneos sospechosos de portar el virus. Han leído bien: la cuarentena NO será aplicada. En El Salvador, en cambio, la cuarentena ya ha sido impuesta.
Eso nos deja en la más absoluta indefensión, pues la cuarentena en condiciones de aislamiento es indispensable. Muchos portadores del virus no presentan los síntomas. Eso permite que ellos pasen satisfactoriamente las pruebas que se les hacen, pues no responden a los reactivos que se les aplican.
Ellos presentan los síntomas sin embargo más tarde, cuando ya han contaminado a muchas personas a su alrededor. Si tienes una novia extranjera, ten cuidado con besarla, pues ese ósculo puede ser mortal.
En lugar de restringir el ingreso de extranjeros, sobre todo por vía aérea, la dictadura, irresponsablemente, está promoviendo la entrada innecesaria al país de extranjeros que no vienen a hacer nada positivo. De hecho, la mayoría de ellos son elementos serviles, y por lo tanto nocivos. Muchos torturadores de la policía proceden de Cuba, donde ya se detectó la presencia del virus.
También se desperdicia mucho dinero en actividades proselitistas y absurdas, como ferias, festivales y carnavales. Ese dinero debería, por el contrario, ahorrarse, para luego invertirse en la infraestructura contra la epidemia. Las medidas para combatir el virus exigen erogaciones costosísimas, que exceden por amplio margen el presupuesto que les ha sido asignado.
La estructura de que disponemos es deficiente. Se carece de ambulancias, autobuses, laboratorios, hospitales, camas, equipos, y muchos otros recursos que son absolutamente indispensables. Nuestro sistema de salud, aun sin ninguna epidemia, es en sí mismo calamitoso. No hay instalaciones para hospitalizar a los contagiados en total aislamiento.
Como todos sabemos, no existe capacidad para enfrentar el reto de una epidemia de corona virus en el país, aunque el gobierno pretende hacernos creer falsamente que estamos preparados. Ni siquiera hay suficientes kits de los requeridos para hacer los exámenes correspondientes.
Ese mensaje que envían, haciendo creer que la situación está bajo control, no tiene ningún fundamento. Todas las dictaduras proceden en estos casos de la misma forma, tratando de minimizar la gravedad de los riesgos que acechan a la población. Esto se debe a que la dictadura se sustenta en el secretismo, la desinformación y la demagogia.
Pero ese proceder es totalmente infantil y contraproducente. Los ciudadanos debemos insistir para que esa errada política sanitaria se revierta.
Recientemente, se ha anunciado la llegada al país de expertos de la Organización Panamericana de la salud, para asesorar al gobierno. Eso está bien, pero no debe hacernos concebir falsas esperanzas. Las decisiones sobre el cierre de las fronteras las tiene en última instancia el gobierno, y este se niega a hacerlo. Ni siquiera quiere imponer las medidas estrictas que, aunque perjudican a los viajeros, benefician al país. O sea que, en otras palabras, ellos están priorizando la comodidad de los viajeros foráneos por encima de la vida de los nacionales. Eso es una soberana estupidez.
Es un craso error afirmar, como lo hizo irresponsablemente un médico en el Canal 10, que podemos contrarrestar la indolencia del gobierno con la diligencia de los particulares. El gobierno dispone de recursos y mecanismos para contraatacar el virus que no están a nuestro alcance como individuos.
Cerrar las fronteras es una medida extrema, pero ya fue adoptada por España y por Italia, que ya están contagiados. Aprovechemos nosotros para hacerlo ahora, de manera anticipada, cuando aún estamos a tiempo.
Nicaragua carece de los recursos que tienen los países más avanzados, por lo cual, si el virus penetra al país, sería una catástrofe mayúscula.
Incluso las farmacias privadas están desabastecidas de alcohol en gel, guantes y mascarillas, las cuales debieron haber sido importados con anticipación. Y si las farmacias privadas están desabastecidas, tratemos por un momento de imaginar cómo estarán la farmacias del Minsa, donde a veces escasea hasta la acetominofén.
Eso demuestra una imprevisión mayúscula, que nos infunde mucha preocupación, pues está en juego la vida de nosotros mismos y de nuestras familias.
Cerrar las fronteras aéreas del país representaría un duro golpe al turismo, pero eso es insignificante, comparado con el precio que tendríamos que pagar cuando llegue la epidemia. Es inaceptable dañar los intereses del país, en aras de proteger los intereses de un sector minoritario.
Sabemos que la dictadura no escuchará este llamado, y que incluso ocultarán probablemente la información relevante cuando el virus llegue. Es incluso posible que el virus ya esté aquí, y que ellos lo estén ocultando, deliberadamente.
Sin embargo, debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que se imponga el sentido común y la sensatez.
A nivel individual, debemos tomar todas las precauciones que estén a nuestro alcance para evitar el contagio. Lavarnos las manos, no darle la mano a nadie, no llevarnos las manos a la cara, etcétera. Todo eso está bien, pero no es suficiente. Las principales acciones para protegernos están en manos del gobierno.
Esto se debe a que ellos tienen el control de los mecanismos para la protección de la salud pública. Pero más específicamente, porque ellos controlan los accesos al país, a través de las autoridades migratorias. Si Nicaragua decide cerrar la frontera, nadie en el mundo la puede obligar a que las abra.
Hagamos presión a través de los medios para que se adopten medidas urgentes y drásticas, haciendo a un lado la demagogia y la manipulación de la información.
Como mínimo, se debería imponer, como en China, una cuarentena a todos los viajeros procedentes por aire desde el exterior.
Se sabe que unos turistas chinos, portadores del virus, fueron detectados en Costa Rica, pero habían pasado antes por Nicaragua. Eso demuestra que nuestros mecanismos de prevención son insuficientes.
No debemos olvidar ni un instante que esos viajeros que ingresan al país a través de los aeropuertos y por las fronteras son quienes traerán la peste. En otras palabras, ellos son un peligro ambulante, y son los únicos trasmisores de la peste que nos amenazan.
“A grandes males, grandes remedios», reza el proverbio latino. Pero las medidas que está tomando el gobierno son totalmente insuficientes y cosméticas. Ellas no están a la altura de la gravedad de la situación.
Insistamos entonces, por todos los medios, en implantar un rígido control a los pasajeros de los aviones que aterrizan en el país. Y también propugnemos por un reforzamiento de las fronteras marítimas y terrestres, imponiendo cuarentena a todos los viajeros en general. Eso les causará sin duda a ellos algunas molestias, y también entraña un costo económico, pero los perjuicios que nos causaría el virus son mil veces mayores.
Debemos enviar un mensaje al mundo disuadiéndoles de que nos visiten. Esto nadie lo ha dicho, pero tenemos que hacerlo por nuestra propia sobrevivencia.
Si no actuamos enérgicamente ahora, cuando el virus ya esté en el país nos arrepentiremos, y lamentaremos amargamente nuestro error, pero será demasiado tarde.



