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Opinión

Por qué las películas pueden ser buenas (o malas)

Por Guillermo Serrano, Lunes 26 de Abril, 2021. ([email protected])

Mirando la entrega del “Oscar” (la premiación de los que componen la Academia de Hollywood, que, dicho sea de paso, se compone de gente relacionada profesionalmente con el mundo que produce las películas, como, actores, directores, técnicos y cuyo número total se eleva sobre las 6000 personas), me encuentro con diversas sensaciones, porque reflejan algo que me ha sucedido, o, de lo que hemos conversado o leído con amigos, familiares o colegas en el vasto mundo de las comunicaciones.

Pareciera, sin embargo, que, dependiendo del continente geográfico, o los países del mundo. un filme (sí, la palabra ya es aceptada por la Real Academia de la Lengua para “película”) puede ser con un final feliz o dejarnos con la incertidumbre de cuál podría ser el final…

Es cierto que la pandemia nos ha cerrado las puertas de los cines; pero antes de la invasión del virus aquél, la mayoría de las personas encontraban en las películas en la gran pantalla su centro de entretención. Oh, me dirán, ¿y qué podemos decir los sistemas de “live streaming” como Netflix, Hbo máx., y todos los demás?  Bueno, hay que decirlo: por aquello de la pandemia y la comodidad, también trasladamos las palomitas de maíz y los refrescos a la sala de la casa para ver precisamente, películas.

Pero, y, volviendo a la frase de entrada, muchos de los filmes nos reflejan en situaciones vividas, porque los realizadores, es decir, los guionistas, directores y editores son tan seres humanos como el resto de nosotros y procuran imprimir sus propias filosofías y formas de enfrentar los problemas y crisis de la vida en esta forma de comunicación que llamamos películas, y que, actores y actrices tratan de dar vida con resultados que ganan un Oscar o pasan a una especie de olvido, porque todos los años se producen cientos de filmes alrededor el mundo.

Por casi un siglo o más, nuestras películas latinoamericanas reflejaron situaciones de guerras fratricidas, amores no correspondidos, traiciones de amigos, y, conflictos familiares en lo que hoy conocemos como “familias disfuncionales”.

Y en Europa, la mayoría de los filmes terminaban en sesiones de psicoanálisis y en el sillón del analista.

Los americanos nos acostumbraron a los finales felices y en donde los espectadores salían con la sensación de que el mundo no era tan malo como lo pintaban los noticieros de la tarde.

No se cuál será tu propia definición de una buena película. Pero cualquiera que sea la forma como la analizas, estoy seguro que deberá reflejar algo que tú puedes entender o identificarte con situaciones que no siempre han tenido el final que hubieras deseado. Y es que los filmes, como la vida, dicen en imágenes y diálogos cuestiones que a veces aparecen muy reales ante nuestros ojos.

Cuando hace algunos miles de años, no había cine y solo existían los relatos que se trasmitían de generación en generación, dice un texto rescatado de un conjunto de historias y enseñanzas que debemos vivir la vida como ella es, sin afanes ni ansiedades, porque a cada día le viene su propio afán. Si esto lo lleváramos al cine moderno, los espectadores lo encontrarían como algo muy aburrido, porque nos gustan o, peor aún,  nos hallamos metidos en diversos conflictos.

Pero para una buena higiene mental y una mejor calidad de vida ¿no sería bueno preocuparnos solo de aquello que nos presenta cada día? Viviríamos sin estrés y quizá mejor que el día de ayer…

Jennifer Palma

Periodista y comunicadora con experiencia en redacción empresarial, cobertura de conferencias de prensa y producción de contenido digital. Comprometida con informar con objetividad y profesionalismo, integrando fotografía, vídeo y redacción para fortalecer la comunicación corporativa.
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